La original medida la ha tomado el ayuntamiento de Granollers, en Cataluña. No sabemos si se esconderán tras un árbol o bajo la rueda de algún vehículo, pero los servicios técnicos municipales esperarán a que el infractor (su dueño) abandone la caca para, en ese mismo momento... entregarle el excremento.
Se pretende de esta forma que el infractor pase tal vergüenza que no vuelva a pecar con el olvido.
Después de estudiar varias opciones, descartaron llamar la atención al dejado propietario, porque se arriesgan al típico "ahora mismo la iba a recoger". Así que esperarán a que la caca sea abandonada para apropiarse de ella y devolvérsela a su legítimo propietario.
Desconocemos si harán sonar fanfarrias o llevarán una roulotte para hacer entrega de tal preciado botín, pero siempre podrán optar por la frasecita de... "la cagaste".