Observen bien sus caras, no se pierdan un detalle de sus expresiones. Son dos de los peores asesinos que ha habido. Malnacidos, hijos de mala madre y merecedores de la pena de muerte, y no rápida, sino de forma lenta y dolorosa, si existiese en España.
Son Txapote y Amaia, pertenecientes a ETA, y asesinaron por lo menos a una persona que se sepa con certeza. No a una persona cualquiera. Fueron los verdugos de Miguel Ángel Blanco, concejal del Partido Popular en la localidad de Ermua, y que pasó por uno de los peores trances que puede pasar un ser humano.
En el juicio los dos asesinos desafiaron al juez, al público, se dedicaron a hablar entre sí y no hacer caso alguno a testigos y letrados, mostrando una actitud chulesca y burlona hacia todos. Ahora han sido condenados a 50 años de cárcel por el hecho, y no podrán acercarse a Ermua en los cinco años siguientes a su salida de la cárcel.
En 1997 una persona buena e inocente, de apenas 29 años de edad, Miguel Ángel Blanco, fue secuestrado por ETA. La banda emitió un comunicado exigiendo el acercamiento de los presos de la banda terrorista al País Vasco. Dio un ultimátum, si en tres días no se cumplía su exigencia, lo matarían.
Toda España se movilizó, las manifestaciones se producían, y millones de personas se lanzaban a la calle pidiendo que liberasen a Miguel Ángel.
El plazo expiró, y estos dos animales llevaron a Miguel Ángel a un descampado. Lo pusieron de rodillas. Acercaron la pistola hacia su cabeza. Apretaron el gatillo. Lo dejaron malherido pero consciente. Volvieron a acercar la pistola a su cabeza. Lo remataron y lo dejaron más muerto que vivo en mitad del monte.
La policía lo encontró, fue trasladado en estado de extrema gravedad al hospital y murió a los pocos minutos.
La imagen de su hermana, de sus padres, de su novia, tan muertos como Miguel Ángel después de haberlo perdido, jamás se le olvidará a todo aquel que la vio. Jamás se nos olvidará a millones y millones de personas. Más manifestaciones de repulsa, Nunca se habia producido una movilización tan grande en España, con manos inocentes pintadas de blanco pidiendo justicia.
Sólo espero que esta vez sí que tengan que cumplir toda la condena, y no permanezcan cómodos y perfectamente alojados en su celda, sino que tengan que convivir codo con codo con lo peor que exista en las cárceles, para que sientan un poco más el sufrimiento de estar entre rejas.