VARIOS FAMILIARES DEL FALLECIDO CASI SE DESMAYAN DE LA IMPRESIÓN
Imagínense la estampa: Iglesia de Valencia de Alcántara, en Cáceres (España). Los familiares del finado habían velado el cuerpo sin vida de su ser querido, y se procedía a la misa previa al entierro.
Silencio sepulcral en el templo, y de repente empieza a sonar un teléfono móvil de forma fuerte e insistente. Todos se miran unos a otros, pero nadie se echa la mano al bolsillo. Al final comprueban que el sonido viene del ataúd... y eso que el fallecido jamás tuvo un móvil en vida...
Nadie se atrevió a abrir el féretro, y tuvo que ser el sepulturero quien lo hiciese. La sorpresa fue mayúscula. Junto al cuerpo había un teléfono móvil. El aparato resultó ser de un empleado de la funeraria, el que se encargó de todos los trámites fúnebres.
Según parece, cuando introducía el cadáver en el ataúd se le debió caer el móvil dentro, y no se dio cuenta hasta que la llamada en cuestión se produjo.