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lunes, 14 de enero de 2008

EL EQUIVALENTE A INTERNET DEL SIGLO XVII... EL TELEGRAFO OPTICO

UN MENSAJE PODIA LLEGAR DE MADRID A CADIZ EN 2 HORAS, CUANDO EN CABALLO SE TARDABAN 2 DIAS


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Resulta increible comprobar como las personas se las ingeniaban en la antiguedad para transmitir mensajes con rapidez y eficacia... La tecnologia no era lo que es ahora, asi que tocaba agudizar el ingenio para suplir este problema... y esta es una buena prueba de como lo hacian.

Puede considerarse como el internet de hace varios siglos, porque permitia transmitir informacion a largas distancias y en muy poco tiempo. Es el Telegrafo óptico, algo asi como el equivalente al correo electrónico de hoy en día, y con un alcance de unos diez kilometros, lo cual es bastante para la epoca. En la tecnología utilizada en su construcción se empleaban, literalmente, palos, piedras, metales y algunos rudimentarios instrumentos ópticos para ver a gran distancia. En la imagen superior tienes los restos de una torre que se utilizaba para este fin, y en su cupula aun se conservan los brazos articulados que servian para la transmision.

Si bien desde la más remota historia hay ejemplos en cierto modo equivalentes de envío de «señales visuales» a distancia, las torres de telégrafos ópticos como tales comenzaron a funcionar a finales del siglo XVII.

También conocidos como líneas de semáforos, estos artilugios se sitaban en torres que dominaban con sus vistas diversas zonas claves de la geografía. Los aparatos en sí, de diversos tamaños y diseños, eran mecanismos de madera o metálicos que podían situarse en diversas posiciones, con brazos articulados. Los observadores de las torres podían ver, normalmente a través de un telescopio o catelajo, las diversas posiciones que adoptaban. En la imagen inferior puedes ver la torre existente en Col de Saverne, Francia.


Para la comunicación los telégrafos empleaban un «libro de claves». Emitían «nnmeros» en secuencia que a su vez indicaban en que página y línea estaban las palabras que componían un mensaje. La velocidad de estos ingenios era de un símbolo cada 20 segundos, más o menos.

Los sufridos operarios de las torres eran meros repetidores de los mensajes. Un estricto protocolo fijaba lo que debían hacer durante todo el día, cómo empezaban y acababan los mensajes y demás. El clima era uno de los mayores problemas de este sistema: días nublosos y noches oscuras dificultaban su utilización. Una dificultad añadida era que los trazados habían de ser en general rectilíneos porque muchos de los mecanismos eran apenas visibles en ángulo. Entre torre y torre solía haber unos diez kilómetros de distancia.

Robert Hooke en Inglaterra y Claude Chappe en Francia fueron dos de los pioneros de estos curiosos artilugios. En Francia se llegó a desarrollar una extensa y completa red por todo el país que estuvo en uso hasta hace relativamente poco: 1850, y que cubria casi todo el pais, como puedes ver en el mapa inferior.


El cientifico canario Agustín de Betancourt desarrolló una versión para España, que empezó a funcionar en 1799 y la primera línea proyectada fue Madrid-Cádiz, con unas 60 o 70 estaciones, aunque sólo terminó construyéndose Madrid-Aranjuez.

Tras vicisitudes diversas, pero conscientes de su importancia, en 1844 el Gobierno se planteó un ambicioso proyecto para interconectar todas las capitales. Poco después otros sistemas de comunicaciones harían obsoleta la parte de la red que se construyó, que dejó de usarse en 1857.

Un mensaje enviado de Madrid a Cádiz podía llegar mediante la línea de semaforos en el tiempo récord de unas dos horas, mientras que un jinete a caballo (la única alternativa a esta primitiva Internet) podía cubrir esa misma distancia portando un mensaje escrito en uno o dos días si no sufría contratiempos.

A principios de 1838 Samuel Morse hacía una demostración del telégrafo eléctrico, un sistema de comunicación superior, mucho más poderoso, que daría lugar a lo que se ha denominado como la Internet Victoriana. Este invento relegaría a las líneas de semáforos a un segundo plano, hasta su desaparición una década después.

En la actualidad todavía quedan algunas torres medio derruidas en ciertas zonas de España. Aunque lo parezcan, no son mini-castillos: son lo que queda de la Internet del siglo XIX.

Como dato curioso, en la obra El Conde De Montecristo, hay un pasaje donde el Conde se presenta en una de esas estaciones de telégrafos, cerca de París, y soborna al telegrafista (con una renta vitalicia) para que transmita un mensaje falso hacia la capital. El mensaje, acerca del destino del rey de España, hizo perder una importante suma de dinero a uno de los archienemígos del Conde, el banquero Danglars.

Espero que la informacion te haya resultado de interes, y hayas aprendido un poquito mas... Muchas gracias por tu visita... y por tu solidaridad Sonrisa

Fuente: microsiervos

Tags: internet, interesante, telegrafo optico, transmision, mensajes, curiosidades

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