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Lunes, 15 de diciembre de 2008

LA HISTORIA DE LA PESTE NEGRA

EN EL SIGLO XIV MATO A 25 MILLONES DE PERSONAS, UN TERCIO DE LA POBLACION DE EUROPA

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Considerada justamente como una de las mayores epidemias de todos los tiempos, la Peste Negra diezmó de forma dramática a la población europea. La enfermedad se antojaba imparable, y muchos creyeron ver en la misma una señal del fin del mundo.

En una época en la que el concepto de higiene pasaba por bañarse un par de veces al año, esta enfermedad, que transmitían las pulgas de las ratas, se propagó a la velocidad del rayo, atravesando todo el continente europeo en apenas unos años.

Aunque las epidemias de peste eran relativamente comunes en la antigüedad, lo cierto es que entre los siglos VIII y XIV casi desaparecieron por completo, por lo que esta última gran epidemia supuso un punto de inflexión fundamental. Nunca antes ni después se vio nada semejante, y sus repercusiones fueron mucho más allá de la muerte, dando origen a un progresivo cambio social que trastocó por completo la sociedad medieval.

La peste propiamente dicha es una enfermedad que se da sobre todo en los roedores, animales en los que se propaga a través de las pulgas. No obstante, de vez en cuando estas pulgas infectan a su vez a las ratas domésticas, tristemente comunes en las casas europeas del siglo XIV, acercando por tanto a las mortíferas pulgas a los seres humanos.

Normalmente la peste afecta a los nódulos linfáticos de la ingles y las axilas, que se hinchan hasta convertirse en dolorosos bubones (agrandamiento de los ganglios linfáticos del que deriva el nombre de Peste Bubónica). No obstante, en ocasiones son los pulmones los que resultan afectados, dando origen a una variedad mucho más mortífera de la enfermedad, la Peste Neumónica, que tiene la horrible capacidad de transmitirse de una persona a otra por el aire.

En algún momento de la década de 1330, una nueva cepa del bacilo de la peste apareció en algún lugar de Asia Central. Dio la casualidad de que dicha cepa tenía la capacidad de infectar fácilmente a los seres humanos, por lo que poco a poco la peste comenzó a transmitirse entre ellos. Hacia 1340, la peste había llegado al Mar Negro.

En la península de Crimea, una lengua de tierra que pentra en el Mar Negro, existía un puerto llamado Kaffa (la actual Feodosiya) donde los comerciantes genoveses habían establecido un puerto, a través del que proveían a Europa de aquellos bienes que solo podían obtenerse en Oriente.

En octubre de 1347, una flota de doce barcos genoveses partió desde Kaffa, haciendo escala en Constantinopla, Venecia, Messina y, finalmente, Génova. Los hombres de a bordo habían sido afectados por una extraña enfermedad, y los pocos hombres que no estaban ya muertos se ha­llaban moribundos. Sin saberlo, esta flota mercante supuso la entrada de la terrible enfermedad en Europa Occi­dental. A principios de 1348, la peste ya había llegado a Francia, y a me­diados de 1348 alcanzó las islas británicas.

Dado que la Edad Media no es un período histórico que se caracterice precisamente por su higiene, la peste se propagó de manera fulminante, ayudada por las ratas que poblaban las ciudades. La enfermedad mató a alrededor de 25 millones de personas en Europa (algo más de un tercio de la población), y muchas más en África y Asia, antes de desapa­recer.

La Peste se propagó fundamentalmente a través de las rutas comerciales y los movimientos de personas, por lo que apenas algunos rincones del continente escaparon a la enfermedad. Los sobrecogedores relatos de la época hablan de naves que arribaban a puerto sin tripulación, ya que toda había fallecido durante la travesía, así como de ciudades y pueblos que quedaban desiertos tras la huída de sus habitantes.

Si la enfermedad dejó de propagarse no fue porque se le encontrara cura, sino por que la mayor parte de las personas vulnerables a la misma habían muerto. Haría falta más de un siglo para que la población europea volviese a los niveles de 1340.

Los habitantes de la época dieron a la plaga el nombre de “La Gran Muerte” o “La Moria Grande”, ya que se introdujo en Europa a través de los puertos italianos. No sería hasta el siglo XIX cuando comenzó a denominarla como “Peste Negra”, en alusión al pánico causado por dicha enfermedad y al característico color de los bubones de la misma.

Hasta la epidemia de la Peste Negra, no se recordaba en el mundo conocido una epidemia semejante. Más de un tercio de la población europea falleció, y los habitantes de Europa en esta época vivían con la constante sensación de que la muerte pendía sobre sus cabezas.

Lo que un día comenzaba con una simple tos, podía desencadenar en apenas unos días en una muerte horrible y dolorosa. En una época imbuida de una religiosidad mucho más profunda que la actual, no faltó quien quiso ver en dicha epidemia un castigo divino. Las muertes se contaban por millares y ciertamente parecía que el juicio final había llegado.

Pero la Peste afectaba a todos por igual. Solo algunos individuos conseguían superar la enfermedad, o eran afectados por una forma suave de la misma que les permitía desarrollar los anticuerpos necesarios. El resto de los afectados, sin embargo, morían en un corto período de tiempo de entre uno y tres días, una vez asomaban los primeros indicios de la enfermedad.

Ni siquiera los representantes de Dios en la tierra se libraban del castigo. Entre 1348 y 1349, tres arzobispos de Canterbury murieron de la peste. En la capital pontificia de Aviñón, murieron cinco cardenales y cien obispos. Y la enfermedad también afectó a las más altas esferas dela nobleza. Juana, hija de Eduardo III que estaba en camino hacia Castilla para casarse con el hijo del rey Alfonso XI, murió de la peste en Burdeos, antes de llegar a su destino. Y, en Castilla, murió el rey Alfonso. En Francia, murió la esposa de Felipe, Juana de Borgoña. Sin duda, si era un castigo divino, se estaba aplicando sin distinciones y con extrema dureza.

Dada la escasa higiene y el nulo conocimiento sobre los gérmenes de la época, la sabiduría popular afirmaba que la única forma conocida de evitar la peste era huir de ella. El pueblo, totalmente ignorante de los mecanismos de transmisión, se esforzó sin embargo en encontrar un chivo expiatorio. Y estos fueron, como en tantas otras épocas de la historia, los judíos.

Surgió el terrible rumor de que los judíos habían envenenado las fuentes para matar a los cristianos, y se les persiguió llevando a cabo una terrible matanza. El hecho de que la peste afectase por igual a judíos y a cristianos no parecía tener importancia cuando se trataba de buscar un culpable.

No obstante, al igual que a los judíos se perseguía a los forasteros o a los leprosos, intentando buscar una razón al origen de la plaga.Pero no todos huían de la enfermedad. Los médicos de la Edad Media buscaron la forma de combatirla, aunque todos sus intentos resultaron infructuosos, cuando no eran directamente contraproducentes. Para protegerse del contagio, solían vestir un atuendo característico que les daba un aspecto de aves apocalípticas.

Eran los llamados Médicos de la Peste, que llevaban una máscara con forma de pico de ave, en cuyo interior introducían hierbas aromáticas. En aquella época se creía que el contagio de la enfermedad estaba relacionado con su desgradable olor, razón por la que los doctores adoptaban esta medida de protección.

Sea de una forma o de otra, las muertes se sucedían implacablemente. Lo cierto es que las gentes del siglo XIV sí fueron conscientes, sin embargo, de que el estar cerca de un enfermo aumentaba las posibilidades de contraer la enfermedad, por lo que rápidamente estos eran repudiados y aislados.

Las crónicas de la época al respecto resultan sobrecogedoras: “No se había conocido nada semejante. Los vivos apenas eran suficientes para enterrar a los muertos” “El padre abandonaba al hijo, la mujer al marido y un hermano a otro hermano”. Describen las casas vacías, los pueblos y los campos abandonados, los terrenos cubiertos por los muertos, el silencio sepulcral que reinaba en todos lados.

Los habitantes de Europa creían que habían llegado su fin y una nube de oscuridad se extendió sobre el mundo La Peste destruyó el optimismo me­dieval del siglo XIII y alimentó un sentimiento fatalista que duraría muchos años después de la remisión de la enfermedad. Ante el sentimiento de que la muerte acechaba en cada esquina, las gentes que vivieron en esta convulsa época adoptaron la actitud de vivir el momento, exprimir al máximo el día a día sabiendo que al día siguiente podrían estar muertos.

A pesar de todo, aunque la peste afectó de manera más o menos virulenta a casi toda la población europea, no tuvo el mismo impacto en todo el territorio. Por ejemplo, las regiones del norte de Polonia tuvieron sorprendentemente una incidencia mucho menor de la epidemia que en las regiones colindantes.

En cuanto a Italia, país asolado por la enfermedad, la ciudad de Milan evitó casi milagrosamente de la pandemia, sin que a día de hoy se haya encontrado una explicación aceptable a la razón por la que la ciudad tuvo tan baja incidencia de la plaga. Quizá las condiciones higiénicas o las redes de saneamiento fueran mejores en esta ciudad que en el resto de Italia, pero el caso es que permaneció como un Oasis en el que la incidencia de la plaga fue mucho menor.

Aunque, según algunos historiadores, una de las razones fundamentales para ello fue la extrema resolución adoptada con los primeros afectados. El Obispo de la ciudad ordenó que tapiaran las tres primeras casas a las que afectó, de manera que muertos, enfermos y sanos quedaron atrapados en su interior sin distinción.

Por otra parte, a pesar de su mayor preocupación por la higiene, los países musulmanes no se libraron de la plaga, lo que resalta más el carácter casi milagroso de la salvación de Milán y lo dificil de combatir que resultaba la enfermedad.

Al terminar las oleadas más virulentas de la peste, la población del continente había sido diezmada de forma drástica. Si hasta entonces la mano de obra era un bien relativamente abundante, la enorme mortandad provocada por la epidemia lo convirtió en un valor escaso.

Los siervos y los artesanos supervivientes comenzaron poco a poco a tomar conciencia del valor de su trabajo, y a reclamar condiciones más justas y salarios mayores, que muchos señores se veían obligados a conceder ante la escasez de mano de obra. Además de acabar con gran parte de la población europea, la Peste Negra resquebrajó la estructura económica del feudalismo.

Aunque los Señores y los gobiernos promulgaron todo tipo de leyes para salvaguardar sus privilegios, lo cierto es que ninguna ley pudo poner coto a un hecho económico imparable. La población escaseaba, y los supervivientes estaban dispuestos a vender sus servicios al mejor postor.

Conscientes de que su trabajo había aumentado repentinamente de valor, los siervos reclamaban un mejor pago de sus servicios y mayores privilegios. De este modo los salarios del pueblo llano comenzaron a aumentar paulatinamente. Algo estaba cambiando e la población europea que, tras estar sometida durante cientos de años a la voluntad de un Rey o un Señor, comenzaba a ser consciente de su poder.

Tímidamente al principio, este hecho dio origen a la cada vez mayor conciencia social de las clases bajas, y a la larga motivó un cambio en toda la estructura de la sociedad que trastocaría la sociedad medieval por completo. Junto a la mejora de las técnicas agrícolas y el incremento del comercio, la Peste Negra y sus efectos demográficos fue uno de los muchos factores responsables del origen del Renacimiento.

Puede que la Peste Negra fuera tan solo una de las muchas plagas que han asolado a la población mundial, pero su alto índice de mortandad y los cambios sociales que se originaron tras la misma la hacen digna de estudio como una de las épocas más oscuras y convulsas de la historia de la humanidad.

Interesante la historia de esta enfermedad que acabo con tantos millones de personas, verdad? Espero que te haya gustado. Muchas gracias por tu visita... y por tu solidaridad con mi pagina jeje.

Fuente: ionlitio.com

Tags: interesante, historia, peste, enfermedades, enfermedad

Comentarios

Añadir comentario

  • Autor: Jose David
  • Fecha: Jueves, 18 de diciembre de 2008
  • Hora:19:39
genial...

  • Autor: Yolanda
  • Fecha: Martes, 20 de enero de 2009
  • Hora:18:21
Sonrisa GiganteSonrisa GiganteSonrisa Gigante Super interesante, a veces hacen falta grandes crisis para que otras cosas mejoren.

Un blog excepcional.

Saludos!!!Sonrisa GiganteSonrisa GiganteSonrisa Gigante

  • Autor: Mariana
  • Fecha: S?bado, 21 de febrero de 2009
  • Hora:0:50
Muy interesante por que te trasporta a aquella ?poca y casi puedes imaginar, oler, percibir el miedo, la locura y el dolor que provoc? la Peste Negra. Para los sobrevivientes fue un verdadero renacimiento; m?s vivos y conscientes. Muy bueno, gracias.

  • Autor: alita
  • Fecha: S?bado, 02 de mayo de 2009
  • Hora:2:34
y ahora que pasara con la influenza en mexico?loco

  • Autor: CACHI
  • Fecha: Domingo, 27 de septiembre de 2009
  • Hora:14:30
MAS QUE INTERESANTE. ME AYUDO A ACLARAR UNA DUDA QUE ME HABIA SURGIDO, A RAIZ DE UN ESTUDIO QUE REALICE, SOBRE LA VIDA DE NOSTRADAMUS. EL DEBIO ENFRENTAR UN REBROTE DE PESTE NEGRA QUE SE DIO EN MONTPELIER, CASI 200 A?OS DESPUES DE LA "GRAN PESTE".

  • Autor: ELIZABETH
  • Fecha: Jueves, 26 de mayo de 2011
  • Hora:19:32

YO DIGO QUE LA APESTE ERA MUY FEA PARA ESAS PERSONAS.


  • Autor: Invitado
  • Fecha: S?bado, 26 de enero de 2013
  • Hora:13:09

Estupendo me ha ayudado mucho para mi trabajo de sociales. Sonrisa


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